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Carrera Nocturna

Ocultaremos el nombre y la procedencia exacta del individuo protagonista de los hechos siguientes:

Un hombre de mediana edad, soltero y sin compromiso por lo que se sabe, decidió una buena noche salir de su rutinario encierro y dirigirse a un club de alterne, al que hacía tiempo no iba, con la intención de desfogar cierta calentura que elevaba encendidas plegarias al dios Priapo.

Como quiera que llevaba cierto tiempo sin acudir al citado club, confundió el camino y en lugar de tomar el desvío correcto, fue a parar a la autovía. No sabemos en que estado de exaltación se encontraba el hombre, pero hasta aquí la noticia no tendría nada de raro, un hombre que sale una noche a un club de alterne y se confunde de camino.

El problema es que el hombre no iba caminando ni en coche ni en moto ni tan siquiera en bicicleta. El hombre iba en una silla de ruedas, una silla de ruedas de tetrapléjico, más parecida a una camilla que a un asiento con ruedas. Tumbado, conducía su camilla motorizada y se saltó el desvío, encontrándose inmerso de repente en el tráfico habitual de las grandes vías. Recorrió tres kilómetros hasta que fue interceptado por la guardia civil de tráfico, que no supo si ponerle una multa, concederle una medalla por los ánimos empleados en llegar a su destino o detenerle por conducir sin carné.

Según las primeras informaciones, el hombre se dirigía a un club de alterne a tomarse unas copas, pero según sus propias declaraciones, cito textualmente: “Si, ¿qué pasa?, iba a echar un “kiki”, ¿qué no tengo derecho?”

No sabemos como desfogó el tema ya que fue conducido de vuelta entre sus quejas por el alboroto levantado en torno a su persona y “recluido” de nuevo en la residencia de minusválidos donde reside. La próxima vez, llevará un plano.

Claudio

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