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Democracia y Ley de Partidos

Es un espectáculo lamentable, ver sentado en un banquillo a un presidente autónomo, por el delito grave de dialogar con personas libres y no delincuentes en el uso de sus derechos constitucionales. El de reunión es un derecho constitucional por encima de cualquier ley, sobre todo cuando no se reúne uno ni para delinquir ni con delincuentes, sino para hablar.

La Ley de Partidos solo ha servido hasta ahora, para facilitar a uno de los poderes en los que se divide el Estado, entrar en el ámbito de actuación de otro.

Ha servido para que el poder judicial invada las competencias del poder ejecutivo, llegando al extremo de hacer sentar en un banquillo a un presidente autónomo, acusado de hablar.

Desde su creación por el Partido Azul, en épocas del quijote con bigote, esa ley apoyada con reticencias por el Partido Rojo, pero apoyada, expelía un olor anticonstitucional difícil de ignorar. Por una vez y sin que sirva de precedente, pondré como ejemplo a la democracia de tito Bush. En aquel su gran país, un americano está en su derecho de quemar la bandera nacional en público como mecanismo de protesta contra el Estado. Allí pasaron de quemar sujetadores a quemar banderas sin que nadie se escandalizase y con el apoyo del Tribunal Supremo, que reconoce el derecho a la libre opinión sobre otras cosas.

Pues bien, en este nuestro amado país, se obliga a quién pretenda constituirse en partido político, a condenar el terrorismo de ETA. Se supone que no haciéndolo, se está a favor de dicho terrorismo y aunque eso pueda ser verdad en el caso de Batasuna, se va contra la libertad de expresión y contra la libertad individual obligando a alguien a decir (que no a sentir) aquello que con libertad no diría.

Si no se siente, ¿de qué sirve decirlo? Si no se dice ¿significa que se afirma lo contrario? Debe perseguirse el delito cuando se produzca, y cuando se haga apología del terrorismo, es cuando se produce delito. Pero cuando no se hace ¿qué delito se comete? El “no decir”. ¿Desde cuando es delito no decir algo? ¿Desde cuando el estar callado es impedimento para reunirse y asociarse?

No pediré la derogación de la Ley de Partidos, porque es lo mismo que ha hecho el líder que no nombraré, pero convendría revisar la ley y no obligar por la fuerza a decir aquello que no se siente, por el paripé de hacerlo y cumplir unos requisitos.

Mientras tanto, que alguien haga algo e impida ya no que se condene sino que se acuse a nadie de dialogar con nadie, cuando el fin que se persigue no es delictivo.

Claudio

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