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La enésima garzonada
El gobierno español sacó adelante hace unos meses la Ley de Memoria Histórica, que ya recogía el tema de la reparación de las víctimas. Garzón ha convertido un proceso estatal, gubernamental, un trabajo a realizar por la administración, en una caza de brujas que llega a rozar el esperpento. Tanto es así, que la Fiscalía ha recurrido el auto que faculta a Garzón a investigar el paradero de los desaparecidos y en su caso, la búsqueda de los responsables de su desaparición. Garzón aduce que el delito de detención ilegal no prescribe y por tanto, es competente para entender en este caso, dado que son cientos de miles los desaparecidos, que a buen seguro se hallarán enterrados en cientos de fosas comunes al borde de las carreteras. Pero ese es un trabajo del que debiera encargarse el Estado y no el juez. El Estado debería ahora, con los datos en la mano que Garzón ha recopilado, iniciar la búsqueda de los cuerpos, identificar cada uno de ellos y entregarlo a sus familias para que organicen los correspondientes sepelios. Garzón opina que no, que quién debe realizar esa búsqueda es él dado que hay delito. La Fiscalía, a instancias del gobierno, ha decidido poner piedras en el camino del juez. Opinan que los delitos han prescrito porque se supone que los desaparecidos han muerto y que la Ley de Amnistía General habría acabado con el resto de responsabilidades. Así las cosas, Garzón se resistirá a soltar un hueso que ya ha atrapado firmemente entre los dientes y que le puede dar la mayor de las glorias y el gobierno deberá seguir trabajando en la conciliación de unos y otros. Por el medio, los huesos de García Lorca que no se sabe muy bien si sus familiares quieren desenterrar o no y porque no. En cualquier caso, ya han aparecido los primeros desaparecidos,
enterrados como se temía en una cuneta, en una fosa común,
en la provincia de Palencia, 60 cuerpos sin identificar aún, restos
que parecen arqueológicos pero que no son tan antiguos y nos recuerdan
una época vergonzante de nuestro país, una época
en la que cualquiera podía morir y cualquiera podía matar
sin pagar por ello. Claudio
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