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La Monarquía en España

Los Borbones: especie en vías de extinción

Y nadie lo diría a juzgar por la fabulosa capacidad que tienen para procrear y traer niños al mundo, he perdido la cuenta de todos los nietos que SSMM Los Reyes tienen hasta la fecha.

Pero a la extinción de la que hablo, no tiene que ver con la fecundidad de la familia real. Tiene que ver con el comportamiento de sus miembros, en otro tiempo ejemplar y hoy cada día más dubitativo y vacilante.


Cuando Jaime de Peñafiel, periodista y cronista de la alta sociedad, que incluye a las monarquías más importantes del mundo, entre ellas, la española, empezó a avisar sobre lo que iba a ocurrir, fueron numerosas las voces en su contra, entre ellas la mía, que se alzaron para reprocharle su elitismo, incluso se le acusó de celoso al ser repudiado por la casa real.

El tiempo pone a cada cual en su sitio y hoy día, Peñafiel se reivindica. Tenía razón. Los matrimonios desacertados que las dos hijas del Rey y el heredero han contraído, han acabado por mostrar claramente que lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible.

La infanta Elena separada de su marido, cosa impensable en una familia real como la española. La infanta Cristina, felizmente casada con Iñaki Urdangarín pero emigrada a los Estados Unidos donde no podrán cumplir sus funciones y donde se fundirán en un anonimato al que no tienen derecho. Estos dos matrimonios, si bien de diferente signo en cuanto a resultado, abrieron la puerta a que el Príncipe Felipe pudiera casarse con quién quisiera y no con alguien de sangre real, más adecuado a las obligaciones futuras de una reina consorte.

Y debo reconocer que en principio, a mi y a la mayoría de españoles nos gustó la elección del heredero, una mujer independiente, trabajadora, cercana al pueblo y educada no para ser reina pero si para ser una profesional del medio televisivo. Pronto opinamos que lo de posar desnuda para un pintor y el hecho de estar divorciada, eran meras anécdotas. Sus propios padres lo estaban pero, que importancia puede tener al fin y al cabo que la princesa de Asturias haya estado antes en manos de otros. Lo importante es el amor.

Hoy por hoy, se demuestra que no. Si lo que el Príncipe Felipe buscaba era amor, quizás debió renunciar a su herencia. No lo se y no soy experto en temas monárquicos. Pero la Casa Real española ya no es lo que era. Unos no van cuando están los otros, solo aparecen en las fotos juntos cuando es algo muy oficial o el Photoshop los une y en definitiva o no se llevan o se llevan a matar.

La Reina, en otro tiempo ejemplo de discreción, se descuelga haciendo manifestaciones poco afortunadas en temas conflictivos como son el matrimonio homosexual y que le valieron las iras de los colectivos gay. La hija mayor, de despiporre en despiporre por las discotecas, la hija menor, huída al extranjero y el hijo mayor, contemplando cada día más de cerca el advenimiento de la Tercera República.

No corren buenos tiempos para la monarquía en España aunque todavía es una institución muy bien valorada por los españoles. El agradecimiento es infinito y todavía puede más que otras consideraciones, pero el declive se ha iniciado. Queman fotos de Los Reyes, les abuchean cada vez con más frecuencia en determinados lugares, silban su presencia en los campos de fútbol. Los medios aún no han iniciado campaña alguna y probablemente no lo harán, pero, tímidamente, como sin querer, en algunos programas televisivos, en alguna tertulia de radio y en columnas en los diarios, comienzan a verse y oírse críticas hasta hace poco inimaginables ante lo que era intocable. Se avecinan tiempos interesantes y la Monarquía española debe evolucionar con ellos o quedarse en el camino.

Claudio

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