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La Oreja de Van Gaal

No es que me parezca muy interesante el apéndice auditivo (a veces es dudoso que oiga algo), ni que despierte interés alguno en mí ese elemento anatómico del holandes errante (¿o quizás herrante?).

Cuando en una corrida de toros, el matador consigue dar muerte a su enemigo y ha realizado una buena faena, el público puesto en pie agita un pañuelo, generalmente blanco, pidiendo la oreja del toro, como trofeo y premio al maestro.

El pasado sábado, el público, pagano (de pagar) y respetable, que asistió al partido de fútbol en el Nou Camp, no pudo por menos que hacer lo mismo al finalizar el mismo. Numerosos aficionados en pie, agitaban el pañuelo pidiendo la oreja. El problema es que no había toro a quien desorejar ni maestro al que entregarle el trofeo, ni el público clamaba de admiración. Bramaban de indignación.

El bochornoso espectáculo que se vio en el cesped, con un Barcelona incapaz de remontar un 1-2 con un jugador más durante más de la mitad del partido, fue la gota que colmó el vaso demasiado lleno de los aficionados blaugrana.

Peor aún, el Valencia, el rival de turno, incrementó la diferencia para acabar goleando 2-4 al eterno rival. Los aplausos, de un público entendido, fueron para ellos.

La indignación, los gritos, los exhabruptos, para los suyos.

Quién bien te quiere, te hará llorar. Los jugadores del FC Barcelona deben amar de veras a su público y Van Gaal debe idolatrarle.

El público pidió la oreja y el presidente, no la concedió. Quizás por eso el respetable acabó pidiendo el pabellón auricular presidencial. Quizás al no conseguir trofeo, quiseron obetenerlo por su cuenta, intentando saltar al palco en busca del objeto de sus iras.

Ya de nada sirve la fenomenal marcha del Barcelona en la competición europea que hasta ahora callaba no pocas bocas. A dos puntos del descenso, a 17 del líder, nada puede esconder eso. Y para colmo el equipo está eliminado de la copa del rey. Y para colmo, en la acera de enfrente, en la casa blanca, las cosas van de maravilla.

El equipo merengue fichó este año a Ronaldo, campeón del mundo y máximo goleador del mundial. Sin embargo no fue este el mejor fichaje del Real Madrid. El mejor fichaje del Real Madrid fue Luis Van Gaal.

Pero el holandes herrante (con h, si), pertinaz en el error o en el hierro, (no me refiero a Fernando), no es el único responsable. Joan Gaspart, que no tiene nada que ver con los reyes magos (para el Real Madrid quizás un poco si), es el máximo responsable. El president debió saber que nunca segundas partes fueron buenas (excepto en "El Padrino", pero esa es otra historia), y que Van Gaal no debía haber vuelto al Barcelona al menos en este siglo. La culpa, la mayor parte de ella, la culpa con mayúsculas es de Gaspart.

El público clama por su dimisión pero antes, le piden que haga una cosa: que cese a Van Gaal.

Claudio

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