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Polonio 210

1 de Noviembre de 2006. Londres. Tres ex espías soviéticos se reúnen en la cafetería de un hotel a las 10 de la mañana. Hablan de sus cosas, recuerdan viejos tiempos y uno de ellos aprovecha para envenenar a otro. Nadie se da cuenta. Los efectos del veneno no son inmediatos ni huele a almendras amargas ni a nada. No se trata de una novela de Agatha Christie. Es la vida real.

Marie Curie, ganadora del Nóbel, descubrió el Polonio. Un elemento químico, metal, de siglas Po, no muy radiactivo.

No es letal al contacto. Solo es mortal si se introduce en el organismo por contacto con alguna herida o si se ingiere, pero claro, quien iba a ingerir algo así, una vez en el organismo, es imposible de erradicar y la muerte es segura en pocos días.

Un ex espía soviético viajó desde Moscú con cierta cantidad e polonio en su maletín. El polonio no se compra en el supermercado. Es necesario obtener permisos y estar registrado para poder acceder a una mínima cantidad. En Rusia, las autoridades utilizan el polonio en sus satélites, por ejemplo. Dado que el polonio es de difícil obtención, ya podemos suponer de donde obtuvo este espía venido a menos la cantidad que llevaba. Este personaje, en su viaje se detiene en Hamburgo y va a visitar a su ex mujer, que vive con su actual pareja y sus dos hijos. Durante el viaje había infectado (sin peligro para la salud pública) dos aviones de las líneas aéreas británicas y antes de salir de Moscú, la propia embajada británica en Rusia. En Hamburgo contamina tres viviendas, en una de ellas pasa la noche, dejando rastros en su ex mujer, su pareja y sus dos hijos, en una oficina de extranjería y en un coche que le llevó desde el aeropuerto.

Ya en Londres, envenena a Alexander Litvinenko, ex espía como él, exiliado en Gran Bretaña. Lo hace en la cafetería del hotel Millenium, donde se encuentran rastros. Por la tarde, se van a ver al Arsenal, en cuyo estadio también aparecen trazas de polonio. No parece muy cuidadoso el personaje con las cosas que manipula. Luego, el personaje cena en un restaurante japonés con el otro ex espía asistente, que no se sabe muy bien que papel juega en este asunto.

En el restaurante japonés, restaurante Itsu, también se encuentran restos de polonio. Así mismo se encuentran restos del metal en el hospital donde fue internado Litvinenko, en su domicilio, en las oficinas de un magnate ruso y en las de una empresa de seguridad, todas ellas en Londres.

¿El mundo se merece mandatarios como los que tiene? Este tipo de asesinatos por encargo, en plan venganza entre espías, parecía ya abocado a las novelas de John Le Carre. Un ruso envenena a otro exiliado, huido de las manos de Putin. Y el caso que esto va a quedar impune. Tras este caso está Scotland Yard, la fiscalía rusa (¿van a investigar a Putin?), una comisión especial alemana, llamada “El Tercer Hombre” (si después de todo va a ser una novela) y la INTERPOL.

Los sospechosos, Dimitri Kovtun y Andréi Lugovói. El primero llevó el polonio de Moscú a Londres. Ambos trabajaron para los servicios de espionaje soviéticos, como el fallecido y ahora se dedican a los negocios. Pero en este asunto hay muchas sombras. Alguien que sabe que lleva polonio en el maletín, no se contaminaría a sí mismo y a sus hijos. Algunos afirman que Kotvun no sabía lo que llevaba en el maletín. Pero alguien tuvo acceso en algún momento al polonio 210, alguien que se lo administro a Litvinenko.

La historia en sí, parece fantasía y hay muchas líneas de investigación. Una ve más la realidad, supera a la ficción.

Claudio

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