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When
I Sixty-four
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“Cuando me haga viejo y pierda el pelo, dentro de muchos
años, ¿me seguirás enviando postales por
San Valentín o de cumpleaños o botellas de vino? 64. Esa es la edad que tendrá Garikoitz Aspiazu, el tristemente conocido como Txeroki, cuando salga de la cárcel. Habrá pasado su miserable vida desperdiciada, sin formar una familia, sin tener hijos, sin nietos a los que pasear por el parque. Cuando salga, será un anacronismo, los restos desechados de una sociedad, la vasca, evolucionada por fin y liberada de este tipo de carroña. |
Su compañera en la captura, pasará poco tiempo en prisión. Saldrá y probablemente podrá casarse, tener hijos y tal vez un día, pasee a sus nietos en algún parque guipuzcoano, disfrutando lo que los vascos habrán conseguido en esos años y recordando quizás con cariño al compañero encarcelado, quizás con pena o con una mezcla de las dos cosas.
Pero cada cual tiene lo que se merece y se ha buscado y Garikoitz tendrá lo suyo. Sus crímenes no pueden quedar sin castigo. Durante cinco años ha sido dueño y señor de las decisiones etarras. Ahora, ya no es nadie. En su banda, le olvidarán tan pronto como terminen de aprovechar esta detención como protesta callejera o quizás como excusa a un coche bomba en una calle céntrica. Después, en la cárcel, será uno más. Nadie hablará de él cuando esté encerrado. Solo su familia si le queda, irá a verle pero al principio, luego, dejarán poco a poco de ir.
64, esa es la edad en la que de todas formas, mucha gente empieza a vivir, pero él no. ¿Qué podrá hacer él fuera de la cárcel con 64? Porque, cuando tenga 64, fuera no le esperará nadie. Debió aprender de su amigo De Juana, que ha pasado muchos menos años encarcelado pero le ha quedado esa “eterna sonrisa” como demostración de lo feliz que allí ha sido. Cuando tenga 64 años, Txeroki pasará de pertenecer a la comunidad reclusa, a la comunidad de los apestados, aunque quizás tenga suerte y solo sea un olvidado más.
Esta detención colma los legítimos deseos de justicia de la sociedad en general y la de sus víctimas en particular. Pero no nos engañemos, muerto el perro, no se ha terminado la rabia. Su sustituto, desde hoy el terrorista más buscado, es peor que él. Alumno aventajado, es más frío y calculador, menos dominado por los instintos, con disciplina e inteligencia y según las fuerzas de seguridad del estado, es mucho más sanguinario.
El próximo, el nuevo jefe, que debería ver el camino que todos los anteriores han seguido, se llama Aitzol Iriondo y tiene dos alias, Gurbitz y Barbas. Probablemente se hará famoso hasta que caiga. La vida sigue pero el tiempo para algunos, pasará muy despacio. Espero que de este artículo, que tiene como protagonista a Txeroki al que tenga de protagonista al Barbas, pase muy poco tiempo.
Claudio
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Terrorismo judicial: Se hace difícil juntar esas dos palabras, ponerlas una al lado de la otra y que tengan un significado al margen del que han tenido siempre...
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